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Algo de turismo convencional. |
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Como vimos que el "monstruo" andaba aceptablemente bien, le haríamos la "prueba de fuego". Ahora lo llevaríamos a superar los 4500 metros de altura por rústicos caminos de la Puna.

Corría el mes de agosto de 2000, día
15 al mediodía. Estábamos en Castro
Tolay visitando los vestigios grabados en piedra de una antigua civilización,
apremiados por recorrer los últimos 45 Km que nos separaban de Casabindo,
donde ese día y a esa hora estaba por comenzar la toreada anual
en honor a la Asunción de la Virgen.
Así que hacia allí partimos
raudamente Hector y Eduardo en el "Bondi".
Jorge, Francisco y Lucho ya se habían
adelantado, en la Honda CRV, a tratar de ver algo de la fiesta que comienza
por la mañana.
El camino no era nada fácil
para aquel mastodonte. Muy angosto, con curvas muy cerradas y pendientes
cortas pero pronunciadas.
En fin, llegamos como a las 13:30 hs.
Por suerte ellos habían llegado unos 45 minutos antes y sacaron
éstas fotos.
Ahí está la prístina iglesia de Casabindo (Iglesia
de la Asunción). Y la plaza, donde en unas horas se realizará
la corrida de toros.
Previamente hay una colorida y emotiva ceremonia,
en la cual
pobladores de comunidades vecinas de la Puna Jujeña traen imágenes
de los altares de sus iglesias y los portan en andas en una nutrida procesión
que inunda de gente, música y cánticos aquel paraje desolado.
Casabindo supo ser un importante punto
en la ruta incaica hacia los valles calchaquíes que pasaba por el
Acay. Luego un notorio centro minero, con indios que, en encomiendas,
extraían oro de aquellas montañas.
En el siglo XIX su importancia decayó
y hoy es un poblado de poquísimos habitantes.
La procesión continuaba,
Uno no puede imaginar de dónde aparece tanta gente.
Máxime después de haber recorrido
kilómetros y kilómetros por aquellos parajes sin ver, casi,
pueblos habitados.
Las imágenes compiten engalanadas
con sus mejores atuendos, producto de un año de trabajo de manos
devotas que ponen su labor y sus pocos ahorros en preparar al santo de
su comunidad para que se luzca en aquella reunión anual.
Lustran sus trompetas y allá van a poner el condimento musical a
la ceremonia.
Paralelamente da comienzo
un rito (intuyo que con condimento pagano)
en el cual las personas ancianas y mas representativas de cada comunidad
danzan, adornados sus atavíos con plumas de ñandú
(avestrúz americano).
Por parejas, en sus manos revolean medio
carnero, uno asido a cada pata.
Así, esa procesión camina
por horas. Entra y sale de la iglesia revoleando y sacudiendo al carnero,
al son del erque (instrumento musical de viento de los andes, de
sonido grave y quejoso).
ERQUE
Decía que aquella danza continúa
y continúa hasta que logran descuartizar al carnero.
Ignoramos el sentido de esa ceremonia, y
ocupados y preocupados por todo lo que veíamos y escuchábamos,
mas lo que vendría, no supimos encontrar alguien que nos lo explique.
La iglesia blanquísima se recorta
sobre aquel cielo azul de la Puna, sin una nube.
Sus paredes son de un espesor
desmesurado y sostienen
un techo abovedado, de piedra, único
en la zona. Nótese el enorme arco de medio punto que corona la puerta
principal.
Pero todavía faltaba lo mejor...
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